Para mi lo más impresionante después de haberme recorrido todo el hotel fue subir a mi habitación y ver las vistas desde mi habitación, ya que aparte de que ves el río Mae Ping, todas las terrazas del hotel son exactamente iguales dando sensación de monotonía, al ver todas las cristaleras igual, con la misma terraza, los mismos sofás, los mismos cojines, etc...
| Mi impresionante habitación suite Club Chedi. |
Como buen hotel tipo Boutique tan sólo tiene 84 habitaciones, las cuales se distribuyen en 52 habitaciones deluxe (son las más normalitas) y 32 suites Club Chedi, en mi caso como íbamos en un fam-trip a conocer el hotel nos alojaron en estas últimas para poder disfrutar aún más del lujo asiático.
En mi suite Club Chedi disponía de 105 metros cuadrados (más que mi propia casa) distribuyéndose entre la cama, una especie de salón, cuarto de baño y terraza. Se componía de una cama de matrimonio King size de 2 metros por 2 metros, justo enfrente había una especie de aparador con una tele de plasma de 42 pulgadas que era giratoria, permitiendo así poder ver la tele desde la cama o verla justo enfrente en el sofá de estilo japonés que teníamos. En ese aparador había un aparato de DVD y CD y un reproductor de iPod.
Lo más original que tenía mi habitación es justo en el lado derecho de mi cama, había una bañera de diseño y justo detrás cerrada con una puerta de cristal la ducha. En cuanto al WC y a los lavabos los teníamos en un cuarto de baño abierto a la vista, excepto el WC que tenía puerta para evitar olores y miradas jejeje...
Por otro lado, la terraza resultaba totalmente increíble sacada de un cuento asiático, con el mismo sofá japonés que teníamos en el salón de la habitación, una mesa con una silla de diseño y una media mampara de cristal imitando al resto de las otras 84 terrazas que todas iban a mirar al jardín minimalista y la piscina.
| Piscina, hamacas y sombrillas en el jardín del hotel Chedi. |
Entre los materiales empleados encontramos la madera de teca en numerosos suelos y paredes, empleando también grandes piezas de arte oriental tanto en recepción como en el lobby como en pasillos, al igual que utilizan unos jarrones grandísimos en espacios sin decoración sabiendo crear así un estilo todavía más minimalista.Su recepción era fantástica y daba sensación de amplitud junto con el lobby al estar totalmente abierto mirando al jardín y a la piscina del hotel. El personal era muy amable, y tal vez la única pega que se pueda poner a este complejo hotelero sea que el único idioma que hablan además del thailandés es el inglés, así que no espéreis hablar o que os hablen en español porque no lo conocen.
Personalmente lo catalogaría como un precioso hotel boutique con muchísimo encanto y con sabor propio.